El azote del
huracán Chávez
Miguel
Saludes
Las
guerrillas colombianas de las FARC calificaron a Hugo Chávez de huracán
político. La reacción de sus simpatizantes en el país vecino tuvo lugar
durante la más reciente visita de Chávez a Cuba. La comparación con el
fenómeno natural no anda errada del todo. La manera de actuar del mandatario
sudamericano semeja al paso desatinado de un ciclón y su vorágine de
palabras causa los más inesperados efectos.
El
encuentro de Chávez con Castro, un evento que parece seguir siendo
exclusividad del bolivariano, produjo varios momentos interesantes. Uno
cuando el visitante aprovechó la oportunidad para dar rienda suelta al
cantante frustrado que lleva dentro. Una de las estrofas interpretadas por
él llamó la atención del viejo dictador. La mención del Granma en la
inspiración del desaparecido artista venezolano Alí Primera, fue motivo
suficiente para que el Gran Crítico catalogara esta canción como “preciosa”.
Solo porque estuviera en ella el nombre del emblemático yate. El ego del
Supremo sigue siendo irreprimible. Lo volvió a demostrar un poco más tarde
cuando Chávez, en su perfil de artista plástico, le mostraba una de sus
obras, obsequio personal para el amigo Castro. La recomendación de este
último fue que el creador plasmara en ella su firma pues la rúbrica
aumentaría el valor real del trabajo. En su opinión el mérito de “aquello”
radicaba en la persona que lo había hecho. Muy mal crédito concedió al
pintor.
Pero Hugo
ni se dio por aludido y continuó realzando a la figura del Comandante, al
que congratuló por pintar una Patria, remarcando que eso sí es pintar. Si
no fuera su aliado incondicional se pudiera pensar en una intensión irónica
del visitante. Efectivamente, el jefe del gobierno cubano no construyó una
patria, sino que la pintó. A su gusto e imaginación. Con tan malas artes
que realmente ha dejado el lienzo lleno de trazos confusos y oscuros. Pero
Chávez no se detuvo en su testimonio sobre el gran artista que esconde
Fidel, atribuyéndole la hechura del camino conocido como Ché. Trazado con
mano hábil por el líder de la revolución cubana, el hombre lleno de
complejidades que fue Ernesto Guevara ha sido convertido en símbolo cuasi
religioso. Chávez quiso poner una pincelada propia en la imagen del ídolo y
lo hizo con una frase que no dudó en adjudicarle al guerrillero. Díganle a
Fidel que él verá la Revolución triunfante en América Latina. Hugo no se
atrevió a darle toda la legitimidad a esa despedida póstuma pero la dejó en
el aire. Seguramente pronto estará acuñada en los textos referidos al
legendario argentino.
Otro
detalle del encuentro con el guerrero a punto de partir, fue el despunte de
Chávez en asuntos de iconografía sacra. Tú nunca morirás Fidel. En verdad
este Chávez es un huracán. Lo mismo bate para un lado que para el otro y sus
palabras son impredecibles. No es de buen gusto eso de andar anunciándole a
los moribundos las garantías de su eternidad espiritual. Pero ya que le
adelantó una vista de lo que será el pase a la otra vida, nada mejor que
darle una posición máxima en el entorno celestial. Para ello hizo una
adaptación bolivariana del Padre Nuestro. En esta versión el líder
inmortalizado ocupará la figura de Dios y estará en los cielos, en las aguas
y en el aire. Como para volverse ateo.
Durante la
conversación con el anciano convaleciente, Hugo Chávez se jactó de no
haberse sumado a las guerrillas activas. Mejor, dijo, fue su táctica de
meter la guerrilla dentro del Ejército en su país. Una táctica que le dio
los resultados apetecidos y que está aplicando incluso en la democracia que
lo llevó al gobierno. Allí, camuflado primero y ahora cada vez más al
descubierto, está haciendo estragos con sus artimañas. El objetivo es
idéntico al que se trazó Fidel desde la Sierra, tal vez mucho antes, para
conquistar el poder de manera absoluta. El engaño y la confusión fueron
mucho más efectivos que los combates contra las fuerzas armadas.
Mientras
Chávez demostraba lo bien que aprendió las lecciones, dejando entrever lo
que aún puede conseguir gracias a los conocimientos adquiridos, el Pedagogo
Mayor lo seguía con mirada atenta. Indudablemente él quiere dejar como
legado en América las bases de su pedagogía. Es la amenaza mayor de esta
Tormenta Perfecta, simbiosis de dos terribles huracanes.