La ODCA, sus partidos, y Latinoamérica en el Siglo XXI
Marcos Villasmil*
1. La ODCA: ORÍGENES Y LOGROS
Un hecho resaltable de
los orígenes del actual movimiento internacional demócrata
cristiano es que el mismo se crea mediante decisiones casi
simultáneas en el tiempo, tanto en Europa como en América
Latina. Y si bien en el primer caso, surge de la crisis
civilizatoria de la sociedad europea, exhausta luego de dos
guerras mundiales y de haber sido terreno fértil para los dos
grandes totalitarismos de la historia, el nazismo y el marxismo
soviético, en nuestra región la realidad de la segunda posguerra
mostraba la presencia en el mapa latinoamericano de regímenes en
su mayoría autoritarios y de corte militarista, con gobiernos
democráticos más bien como excepción.
Los demócratas cristianos surgen como movimientos que promovían
un orden político fundamentalmente anti-autoritario y
democrático (rasgos esenciales y permanentes de su postura) que,
bajo la influencia de la doctrina social de la Iglesia Católica,
promueve los principios del humanismo cristiano, equidistantes
tanto de los materialismos de izquierda como de derecha. La DC,
en sus comienzos, fue sin duda alguna, una “tercera vía.” Como
tal, la idea de cambio era consustancial con sus propuestas.
La Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA), fue
fundada en 1947, en Montevideo, aprobándose en su primera
reunión una declaración que sustancialmente afirma lo siguiente:
-
Acordar orientaciones político -
estratégicas para la acción internacional con base en los principios del
humanismo cristiano, sujetas a los métodos democráticos y orientadas al
logro de la justicia social nacional e internacional.
-
Formular un proyecto político
que sustente la integración latinoamericana.
-
Fortalecer y defender los
valores y derechos de la persona humana e impulsar los procesos de
cambio y modernización de la sociedad.
-
Estimular y coordinar la
cooperación entre sus miembros.
-
Promover y desarrollar una justa
relación del hombre con su ambiente.
Un hecho que puede afirmarse hoy, 61
años después, es que los postulados señalados en esta declaración siguen
vigentes. Con una observación adicional válida: el pensamiento DC ha estado
presidido, en el nivel más elevado, “por una doctrina, no por una ideología
que establece fines coyunturales, ni por un simple programa para un periodo
limitado de tiempo.” (Boye, 2007). Proyecto doctrinario el
demócratacristiano, y proyecto asimismo cultural-político, con el
personalismo comunitario, la lucha por el bien común, y la dignidad y
centralidad de la persona humana como pilares fundamentales de la doctrina.
Siendo una organización internacional, la ODCA ha liderado las luchas
continentales por la democratización y contra los autoritarismos, así como a
favor del respeto creciente a los derechos humanos, y la integración
latinoamericana. La paz centroamericana, la lucha contra las dictaduras en
el Cono Sur, la denuncia desde sus inicios de la satrapía castrista, son
causas que la ODCA siempre ha tenido dentro de sus prioridades. Pero muchas
de esas luchas se dieron en el marco de la llamada lógica de la Guerra Fría.
Se debe destacar por lo demás el hecho de que muchos de los postulados
doctrinarios defendidos por la DC han sido incorporados en el cuerpo de
pensamiento y praxis democrática de nuestras naciones. Pero este indudable
éxito ha venido acompañado, naturalmente, de nuevos retos nacionales y
regionales. La fortaleza de una regional de partidos está naturalmente
ligada al bienestar de sus organizaciones miembros, y a que se respete
siempre la íntima vinculación entre acción y pensamiento.
2. LOS PARTIDOS DC
La vigencia de una familia política
no puede demostrarse simplemente mediante el reconocimiento de la validez de
sus principios, si los mismos no se adecúan con la realidad respectiva, si
los debates no se “aggiornan”, si no hay renovación de las propuestas
programáticas ante los cambios sociales, políticos y económicos. En política
como en la vida, ver pasar el cadáver de tu adversario por la puerta de tu
casa no es garantía de tu buena salud. El autoritarismo marxista y las
doctrinas militaristas no gozan en los actuales momentos de buena acogida
(más allá de que todavía esté discutiéndose qué es eso del socialismo del
siglo XXI de Hugo Chávez), pero ello no indica ni mucho menos que la DC sea
hoy reconocida como una alternativa válida en algunos de nuestros países.
Por citar un hecho: soy miembro de una generación que se formó al calor de
las discusiones posteriores al Concilio Vaticano II, en los círculos de
estudio y cursos de formación sobre la obra de pensadores como Maritain,
Mounier, Teilhard de Chardin, con profesores como Calvani, Herrera Campins,
o Pérez Olivares. Los debates sobre la sociedad comunitaria, o la Economía
Social de Mercado eran pan diario que alimentaba nuestra utopía (palabra,
aceptémoslo, hoy muy venida a menos). Fuimos testigos de Mayo del 68, y sus
consecuencias, así como del auge y caída de la teología de la liberación.
Los partidos DC se nutrían en buena medida de jóvenes provenientes de las
juventudes católicas. En mis tiempos, la política era menos cálculo y más
pasión. (O, por lo menos así lo veíamos muchos jóvenes DC). La militancia
política abundaba, había mucho menos espacio –y excusas- para la
indiferencia. Había, además, un adversario inequívoco: la opción política
marxista.
Siempre es bueno recordar el pasado, pero reconozcamos que cada vez tiene
menos relación con la Latinoamérica del siglo XXI.
Ante un nuevo siglo y milenio, algunas preguntas pertinentes son: ¿la oferta
programática de los partidos de la ODCA sigue siendo fiel reflejo de los
postulados doctrinarios de la organización, ha defendido y mantenido su
pertinencia? ¿Se han hecho las necesarias adaptaciones ante los cambios
vividos? Preguntas candentes, pero necesarias, si quiere debatirse la
vigencia o no de la ODCA –vale decir, de los partidos miembros de la
organización- en el accionar político de la sociedad latinoamericana.
En los últimos años el tema de los partidos y su crisis, sus carencias
–organizacionales, estratégicas, programáticas, de mensaje- ha sido muy
discutido. A tal efecto, podría hacerse un largo inventario de diagnósticos.
Destaquemos alguno, en el tema que nos interesa, el programático: el
anterior presidente de la ODCA, Gutenberg Martínez, en un discurso en Costa
Rica, en el 2000 decía, entre otras cosas, las siguientes:
-
La DC enfrenta el desafío de una
falta de perfil propio, “que la gente sienta claridad de lo que
significan nuestros accionares colectivos en cada uno de nuestros
países. Los demócrata cristianos tenemos la impresión de que hace 20 ó
30 años teníamos planteamientos con identidad propia que caracterizaban
nuestro perfil, que eran casi solamente nuestros, y que hoy día son de
muchos otros.”
-
“En algún tiempo en América
Latina los partidos demócrata cristianos, de acuerdo a su realidades
nacionales, eran vistos como los partidos de la integración
latinoamericana y de la promoción popular, o como los partidos de una
correcta reforma agraria, eso y otros elementos que nos daban identidad,
que no eran sólo principios, sino que eran una formulación programática
que respondía a problemas concretos de la gente de ese tiempo. La
pregunta de hoy es ¿qué formulación programática podemos tener en temas
que responden a la gente y que puedan tener alguna inspiración
humanista?”
Ante la validez de esta pregunta, es
forzoso reconocer, en primer lugar, que muchas veces la DC, en funciones de
gobierno, se ha dejado llevar por muchas de las prácticas erróneas que han
impregnado a la clase política latinoamericana: estatismo y burocratismo,
paternalismo social, clientelismo y hasta cierto desdén por la separación de
poderes.
También es cierto que la DC, al igual que otras familias partidarias, ha
sufrido los embates de la antipolítica, unida a la falta de comprensión de
los cambios de la postmodernidad –que hacen, por ejemplo, que el ciudadano
latinoamericano promedio cuestione el concepto mismo de militancia política,
y que mire de reojo y con cierto desdén al “militante”-, de una gestión
económica cada día más autónoma frente al control democrático, del doble
ataque frontal de ese nuevo Leviatán de varias cabezas que forman el poder
mediático y el poder económico unidos. Los conflictos políticos parecen a
veces meras luchas entre grupos económicos.
Pasan los años, y la política latinoamericana no termina de asumir sus
responsabilidades ante el mistificado y mitificado pueblo, cuyos integrantes
mayoritariamente son considerados votantes y no ciudadanos.
Los partidos en general, asimismo, se han rendido ante el fenómeno de la
“pipolización” de la vida política (por la revista norteamericana de
entretenimiento “People”, término usado en un reciente artículo del New York
Times, en referencia a la política francesa), es decir, la idolatría
mediática por las celebridades de la TV y el cine, y el comportamiento
consiguiente de los dirigentes políticos, como si fueran una clase más de
actores y actrices de moda.
En lo interno, se debe reconocer que muchos partidos algunas veces han sido
adormecidos por el canto de sirenas del caudillismo -que no es sino una
forma de privatización del partido, sometido a los avatares de los intereses
y ambiciones individuales- que la formación se ha descuidado, o que la
doctrina se ha convertido en una suma de frases que se emiten cuando la
ocasión lo requiere, como durante una campaña electoral.
Por otra parte, al ser la DC un proyecto doctrinario, un proyecto
político-cultural, “hay otras legitimidades, más allá de las electorales, a
la hora de ser testigos de la buena salud partidista: la capacidad de dar
respuesta racional y programática a los grandes temas y problemas
nacionales; la presencia cualitativa en el mundo de la cultura y de la
ciencia; la posibilidad de engranaje permanente con el mundo de las
sociedades intermedias, hoy en día incluidas en la llamada “sociedad civil”.
El partido como instrumento civilizatorio, y no mera maquinaria electoral.”
(Villasmil, 2000.)
Como ejemplo concreto, nada muestra más la pérdida de vigencia de un partido
latinoamericano, DC o no, que predique supuestamente ideas de cambio y de
transformación de una realidad sentida como injusta, que cuando sus
dirigentes juveniles se convierten en versiones light de los dirigentes del
partido. Ahora y siempre, la contestación, la crítica y la rebeldía deben
ser las características esenciales de un dirigente juvenil. Partido sin
jóvenes rebeldes es una gerontocracia disimulada.
3. LA ODCA, SUS PARTIDOS Y LA
REALIDAD LATINOAMERICANA EN EL
SIGLO XXI
La ODCA, partir del Congreso de
Costa Rica, en 1998, adoptó como posicionamiento estratégico y programático
el llamado “centro humanista y reformista”, lo cual implicó la confirmación
de una voluntad de “apertura con identidad” de la organización (iniciada a
comienzos de esa década) a otras fuerzas políticas que, sin ser demócrata
cristianas de origen, postulan los principios fundamentales del humanismo
cristiano, en especial en los referente a la defensa de los derechos
humanos, la dignidad de la persona humana, y la subsidiariedad y la
solidaridad como principios rectores del Estado democrático. Así, partidos
como el Conservador de Colombia, o el Partido de Acción Nacional de México,
ingresaron a la organización, con tal fuerza e impacto, que de hecho la
presidencia de la ODCA y la sede de la organización están hoy en México.
Simultáneamente, la ODCA en los últimos años ha liderado la importante tarea
de enfrentar el mayor de los retos políticos que enfrentan las democracias
latinoamericanas: el proyecto autoritario castro-chavista. De ello son
ejemplos los eventos realizados en lo que va de año 2008 en Miami y Costa
Rica, en clara solidaridad con los pueblos cubano y venezolano en su
búsqueda y defensa de la libertad. Es un hecho ciertamente positivo el que
la ODCA y sus partidos estén a la vanguardia de estas luchas.
Queda, sin embargo, pendiente el tema de las modernizaciones partidarias
nacionales, que deben seguir avanzando con más dinamismo y compromiso real.
En lo programático, la doctrina no cambia, pero su aplicación en políticas
públicas para caminar en la dirección fijada por los principios, sí. Las
soluciones promovidas en el siglo XX ya no están vigentes en este nuevo
siglo y milenio. Y las nuevas respuestas deben toma en cuenta las grandes
tendencias y fenómenos globales, asumiendo, en primer lugar, estas líneas
indicadoras de cambios de la realidad, o de retos de largo alcance, que
señalo sin una prioridad u orden específico:
-
Vivimos en una sociedad
post-utópica y post-ideológica. El paradigma político ha sufrido una
mutación hacia la supremacía del sujeto individual, con una revisión
total de las responsabilidades individuales y comunitarias.
-
Un nuevo modelo de gobierno está
tomando fuerza: la democracia iliberal. Se llega al poder por los votos,
y con base en esta única legitimidad se destruye la pluralidad del poder
y se impulsa una agenda autoritaria. Ello está permitiendo un momentáneo
reagrupamiento de viudos de las nostalgias marxistas.
-
La política ha dejado de ser
cosa sólo de hombres, como en el pasado, cuando las mujeres estaban
presentes como casos de excepción, o encerradas en los movimientos
femeninos;
-
La forma de pensar, entender y
vivir la realidad, gracias entre otras cosas a los cambios tecnológicos,
ha cambiado para siempre. Y seguirá cambiando. Como bien dice Otto Boye,
actual presidente del Instituto Chileno de Estudios Humanísticos, los
cambios del mundo hoy son equivalentes a cuando las sociedades europeas
asimilaron el hecho de que la tierra no era plana, sino redonda. Para
una gran mayoría de los ciudadanos del mundo el hecho vital del siglo
XXI es su capacidad de conexión, su “conectividad”.
-
“La determinación que el campo
mediático ejerce sobre las estructuras ideológicas y mentales del
espacio político es una de las cuestiones claves del futuro de la
democracia” (Ramoneda, 1999). ¿Es la “Red” la salvación de la
comunicación democrática? Tema en pleno debate, que no puede ser
soslayado.
-
Estamos siendo testigos de una
verdadera “Guerra Fría” energética y de recursos vitales, como el agua,
que está comenzando a generar conflictos globales; el suministro de
alimentos es tema de preocupación prioritaria.
-
Frente al mundo bipolar de la
segunda postguerra, y la unipolaridad luego del derrumbe del socialismo
real, el futuro pareciera apuntar hacia una sociedad mundial con clara
multipolaridad estratégica.
-
Deben acelerarse las respuestas
partidarias ante la aparición en nuestra región del fenómeno de la
“no-ciudad”, donde los más pudientes viven en zonas cercadas y
bloqueadas al libre tránsito e ingreso. La seguridad es tomada como
asunto de capacidad financiera. Ante el fracaso estatal, abunda la
privatización de la protección personal y colectiva e incluso de la
custodia carcelaria. Frente a todo esto, los criterios de
inclusión-exclusión adquieren un carácter novedoso y peligroso.
-
Ante las nuevas dinámicas
socio-económicas, la incertidumbre, tanto personal como comunitaria, se
dispara de manera alarmante.
-
El Estado
democrático/republicano enfrentado a tres grandes enemigos: el
fundamentalismo religioso, el fundamentalismo económico y el
fundamentalismo ético/relativista.
-
Ante políticas económicas
camaleónicas, coyunturales e insuficientes, la reducción de la pobreza a
veces luce como una meta utópica.
-
Las categorías de izquierda y
derecha ya no sirven para explicar la realidad política.
Algunos temas, arriba mencionados,
están siendo trabajados en las Vicepresidencias y grupos de apoyo de la
ODCA, pero deben ser asumidos también a nivel nacional.
Dichos puntos son temas de cambio estratégico y quizá por eso mismo no son
asumidos ni vividos por nuestros ciudadanos en su vida diaria. Pero,
mientras tanto, y en segundo lugar, ¿qué piensan los latinoamericanos, y
cuál es la situación actual de la región? La encuesta de Latinobarómetro
2007 nos da los siguientes resultados, de temática variada, para la
reflexión:
-
“Pese a los logros en materia de
reducción de la pobreza y de la indigencia, América Latina sigue siendo
una de las regiones más desiguales en el mundo.
-
Los avances en la “calidad” de
la democracia han sido muy limitados. (…) Democracias imperfectamente
semi consolidadas, o más bien dicho, de muy lenta evolución, era lo
único que nadie esperaba. No se derrumban, pero no se consolidan. Están
ahí.
-
La competencia, como base de la
mentalidad económica, no es un consenso en todos los países.
-
La crítica al mercado como
fuente de desarrollo está creciendo en la región, y no es paradojal que
se produzca en el momento de mayor crecimiento sostenido, porque sigue
la lógica de Tocqueville, de que los problemas se vuelven insoportables,
cuando hay soluciones. Cuando la gente ve el aumento de riqueza y ésta
no les llega, entonces culpan al mecanismo de distribución, en este
caso, la economía de mercado.
-
A medida que disminuye la
importancia del desempleo como problema principal, aumenta la
importancia de la delincuencia como el problema más importante de
América Latina. Esto es significativo porque sabemos que la delincuencia
no es coyuntural como el tema del desempleo y no se soluciona con
crecimiento económico. (…) La delincuencia con estados débiles y pobreza
es una fuente que dificulta la gobernabilidad. Un 63% de la población se
siente insegura.
-
En promedio, solo un 55% de los
latinoamericanos paga debidamente los impuestos.
-
Pareciera que la construcción de
bien común no es una demanda masiva, mientras que la obtención de bienes
individuales sí.
-
Se exige solidaridad con los más
débiles, pero se piensa que es el Estado el principal responsable de
proveerla.
-
La dimensión de la participación
no tiene gran importancia.
-
Para un 75% de la población, el
conflicto mayor es el que se da entre “ricos y pobres”. Las tensiones
que sufren las sociedades latinoamericanas están marcadas por la
desequilibrada distribución del ingreso, brecha que ha aumentado con los
gobiernos democráticos.
-
Hay dos bienes que tienen todos
los latinoamericanos. Una comida caliente al día (89%), y un televisor
(90%).
-
Políticamente, la región corre
hacia el centro; no porque la gente haya cambiado su posición
ideológica, sino que los nuevos integrantes han optado por el centro.
-
El apoyo a la democracia ha
fluctuado entre el 58% en 1995, el 63% el 1997, 48% en el 2001, y 54% en
el 2007. Los latinoamericanos han progresivamente aumentado su apoyo al
“concepto churchilliano” de la democracia, según el cual la democracia
puede tener problemas, pero es el mejor sistema posible.
-
La mayor parte de los países (en
total, 14) tiene un 40% o más de sus ciudadanos con una satisfacción
“baja” en lo referente a los servicios del Estado. Los ciudadanos
demandan más, pero sobre todo, mejor Estado.
-
En cuanto a la evaluación de los
líderes, el más votado positivamente es Lula, seguido de Michelle
Bachelet y Álvaro Uribe. Los dos más impopulares son Fidel Castro y Hugo
Chávez.
-
La confianza en los partidos
políticos es de sólo 20%. Esta negatividad “es el talón de Aquiles de la
democracia.”
-
Un 43% cree que habrá más
corrupción en la generación futura.”
Estos resultados evidencian que
Latinoamérica no puede ser solamente analizada, como está tan de moda, con
base a los resultados macroeconómicos. Los partidos de la ODCA tienen que
prepararse para dar respuestas apropiadas a la compleja foto de la realidad
mostrada en dicha encuesta. Los países de la América Latina deben recibir
una alternativa humanista cristiana. Hay que defender y dar respuesta a la
ira ciudadana, o quizá peor aún, a la creciente indiferencia de las
mayorías.
Finalmente, y en tercer lugar, es posible dar algunas líneas de orientación
programática para nuestros partidos:
-
No hay incompatibilidad –al
contrario- entre libertad y democracia. Así mismo, la libertad no sólo
puede ser política sino además económica. La defensa de la propiedad
privada es fundamental.
-
No es posible el desarrollo
social y económico con un Estado paternalista y centralista. La
subsidiariedad debe ser asumida con todas sus consecuencias en materia
de políticas públicas. El dilema Estado-Mercado es falso. No se trata de
demonizar a ninguna institución, sino que cada una cumpla con su papel
respectivo, bajo parámetros subsidiarios. No son viables ni un Estado
empresario ni un Estado excesivamente controlador y burocrático; se
desea por una parte un Estado promotor de la creatividad personal y
social y un Estado regulador que evite los desequilibrios y las
injusticias.
-
“Una lección central del último
capítulo de la Unión Soviética fue que las instituciones económicas no
pueden ser vistas de forma aislada del ambiente social y político en
donde funcionan.” (Kay, 2003).
-
La responsabilidad ante los
desposeídos es de todos, no sólo de las instituciones estatales. De
hecho, como ha sido demostrado en muchos países, la solidaridad
expresada a nivel privado impacta de manera mucho más positiva. “El
principio de “reciprocidad” es vital en toda sociedad que aspira al
desarrollo, y debe marcar nuestra moral social.” (Mulgan, 1998.)
-
En un tema fundamental para
tener éxito contra la pobreza, como es la economía, en vez de seguir la
liturgia retórica acostumbrada, llena de alabanzas y reclamos de
copywright intelectual acerca de la Economía Social de Mercado, ¿por qué
los partidos no comienzan a adaptar dicha propuesta -con voluntad real
de cambio y propósito de enmienda- a sus realidades nacionales?
-
La “transparencia” es el signo
de hoy de las instituciones públicas.
-
Las políticas de ciencia y
tecnología en búsqueda del impulso a la innovación y la creatividad
deben recibir absoluta prioridad. Aquí también, el rol privado es
fundamental.
-
La democracia participativa debe
tener una prioridad fundamental, y ser asumida como “conversación
permanente” entre los ciudadanos y las instituciones públicas y
privadas.
-
Es vital la estrategia de
acercamiento partidos/cuerpo intermedios (sociedad civil), con el fin de
ayudar a promover conductas de participación y de solidaridad social.
-
El modelo presidencialista ha
mostrado toda una serie de carencias, fallas y lastres que hacen
obligante que las élites políticas latinoamericanas, más allá de
cualquier bandería, comiencen a debatir en serio sobre sus posibles
reformas. La Democracia Cristiana debiera liderar nuevas propuestas al
respecto.
Ser fieles a la doctrina no implica
el rechazo a la eficacia, al éxito electoral, o impulsar una especie de
“romanticismo” alejado de la realidad. Las batallas políticas son y serán
siempre luchas por el poder, pero para un demócratacristiano, éste se debe
usar para la construcción no para la destrucción o la represión. Un
“auténtico renacer” partidario, digámoslo una vez más, no es sólo urgente,
sino inexcusable. Como bien afirma el presidente actual de la ODCA, Manuel
Espino (Revista Centro, No. 3), se trata de repensar y relanzar un proyecto
democratizador, superando “resacas ideológicas”, avanzando sin odios ni
resentimientos.
El liderazgo partidista debe actuar
con base en estos 3 niveles de retos señalados y de líneas para la acción
(la estratégica, la que deviene del reclamo ciudadano, y la que proviene de
nuestros propios planteamientos doctrinarios.) Para ello, necesitamos menos
dirigentes de aparato y más estadistas. Estos últimos poseen, en palabras de
Isaiah Berlin, “una gran capacidad para integrar una vasta amalgama de datos
en cambio constante, que se mezclan y entrecruzan a gran velocidad”. (Berlin,
1999.)
Un reto final: si los partidos DC son reales “estructuras de participación”,
y por ende, mecanismos integradores de la ciudadanía en la sociedad
política, deben “promover procesos abiertos de diálogo con la sociedad, para
la discusión programática.” (Fernández, 1976).
La ODCA y sus partidos tienen muchas razones de orgullo, pero también, como
toda institución partidaria hoy, muchas razones de preocupación y de
desvelo. A fin de cuentas, de lo que se trata es de ser fieles al ideal
original de cambio y de transformación de la realidad, según los valores
eternos del humanismo cristiano, respetando, como siempre, el juicio supremo
del pueblo soberano, expresado mediante el voto.
Bilbiografía:
-BERLIN, ISAIAH. “THE SENSE OF REALITY.” Farrar, Strauss and Giroux. New
York, 1999.
-BERNAL, GUTIÉRREZ, PEDRO: “REFLEXIONES EN TORNO AL CONCEPTO DE SEGURIDAD Y
DEFENSA”. Publicado en ABC, Madrid, Opinión, 22 de Mayo 2008.
-BOYE, OTTO: “APORTES AL DIÁLOGO: VIGENCIA DE LA DEMOCRACIA CRISTIANA EN EL
NUEVO ESCENARIO CHILENO Y MUNDIAL”: http://ottoboye.blogspot.com/2007/07/vigencia-de-la-democracia-cristiana-en.html
(15 DE Julio de 2007)
-KAY, JOHN: “CULTURE AND PROSPERITY. THE TRUTH ABOUT MARKETS –WHY SOME
NATIONS ARE RICH BUT MOST REMAIN POOR.” HarperBusiness. New York, 2003.
-LATINOBARÓMETRO- “ENCUESTA 2007 “– www.latinobarometro.org
-FERNÁNDEZ, EDUARDO: “LA FUNCIÓN DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS EN LA
PARTICIPACIÓN”. En: “HAY QUE REINVENTAR LA DEMOCRACIA” (Varios autores).
Fondo Editorial IRFES. Buenos Aires, 1976.
-MARTÍNEZ, GUTENBERG: “LA ORGANIZACIÓN DEMÓCRATA CRISTIANA DE AMÉRICA Y LA
RENOVACIÓN DE SUS PARTIDOS MIEMBROS”. En “LA REFORMA DE LOS PARTIDOS
POLÍTICOS”. ODCA-Konrad Adenauer Stiftung. Chile, Octubre de 2003.
ORGANIZACIÓN DEMÓCRATA CRISTIANA DE AMÉRICA- Revista Centro: www.odca.org.mx
-MULGAN, GEOFF: “CONNEXITY: RESPONSIBLITY, FREEDOM, BUSINESS AND POWER IN
THE NEW CENTURY”. Vintage, London, 1998.
-RAMONEDA, JOSEP: “DESPUÉS DE LA PASIÓN POLÍTICA”. Santillana, Madrid, 1999.
-VILLASMIL, MARCOS: “¿UN NUEVO PARTIDO DC PARA VENEZUELA?. EN: NUEVA
POLÍTICA, 71-72. Caracas, Noviembre 2000.
*MARCOS VILLASMIL: Ex-Secretario de Relaciones Internacionales de COPEI
Ex-Secretario General Adjunto de la ODCA
Miembro en la actualidad del equipo de la Vicepresidencia de Acción
Política de la ODCA
Este trabajo es de autoría personal, y no expresa ni compromete ninguna
opinión salvo la del propio autor.
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