Constitución del Partido Demócrata Cristiano de Cuba

MANIFIESTO

PREAMBULO

Nosotros, de honda vocación democratica, conscientes de las coincidencias y del sentimiento de solidaridad que nos une, espiritualmente fortalecidos por la concepción cristiana de la vida que profesamos, constituímos el Partido Demócrata Cristiano de Cuba, en nuestro afán de buscar la liberación y democractización plena de nuestro pueblo.

Por tanto, queremos trasmitir al pueblo de Cuba nuestro mensaje, que se fundamenta en las enseñanzas que la humanidad ha recibido del cristianismo a lo largo de siglos y en el ejemplo heróico que nos legaron nuestros patriotas y pensadores, hombres y mujeres que se entregaron a la noble tarea de defender el sentimiento nacional y la decisión de independencia, por cuyos ideales ofrecieron sus vidas. El estímulo, el aliento y las enseñanzas recibidas son mediod eficaces que nos capacitan para elaborar y proponer a los cubanos un diseño de política y estrategia con posibilidades de éxito adecuado al esfuerzo común, que ayude a la reintegración de nuestra patria al concierto universal de naciones libres, soberanas y democráticas.

Asimismo, contamos con la disposición y capacidad para elaborar y poner en práctica los medios más adecuados a este fin. Esto lo hacemos en conjunción con los miembros del Partido Demócrata Cristiano que residen en Cuba pero no pueden expresarse libremente debido a la intensa represión que sufre nuestro pueblo.

El Partido Demócrata Cristiano que surge del seno del pueblo cubano existe en Cuba y en el exilio como parte de un todo, asumiendo en el exterior la función de Delegación y portavoz al servicio de todos los democristianos que en Cuba se consagran a la búsqueda de caminos hacia la democratización de toda la sociedad.

Hemos tomado la decisión de fundar el Partido Demócrata Cristiano de Cuba porque deseamos ofrecer una alternativa política a nuestra patria en la lucha por los derechos humanos, el desarrollo económico y la justicia social dentro de un marco democrático y pluralista.

I

Los principios básicos que fundamentan nuestra acción política, tales como el respeto a la dignidad de la persona, origen y centro, sujeto y objeto de toda acción política, así como la primacía del orden moral en cualquier actividad humana son inmutables. De nuestra concepción personalista se deriva el reconocimiento de derechos irrenunciables del ser humano, tanto individuales como sociales, que no constituyen dádiva del estado sino que son propios de la naturaleza humana.

En lo político aspiramos a un sistema democrático participativo y representativo basado en un estado de derecho constitucional, civilista y de justicia social como proclama el humanismo cristiano, que tenga en cuenta todos los valores espirituales y materiales de la persona y la sociedad. Nuestra inspiración cristiana es un reconocimiento de los valores éticos universales aceptados hoy en todo el orbe, tales como la igualdad, la hermandad, la libertad, el amor al bien, la justicia y la verdad, por encima de cualquier concepción materialista, privilegiada o discriminatoria. Estamos convencidos que para la realización de nuestro objetivo de una sociedad mejor es indispensable contar con el concurso de las demás fuerzas espirituales, culturales, políticas y sociales, empeñadas también en el esfuerzo por lograr una patria libre, justa, democrática y solidaria con otros pueblos.

Por otra parte, y como complemento de lo anterior, el bien común debe primar por encima de cualquier interés, por poderoso que parezca, siempre con el debido respeto a la persona humana, al derecho de las minorías y del pluralismo de opiniones, sin discriminación alguna por razones de religión, sexo, raza, organización política y demás manifestaciones que tipifican a las sociedades participativas, en donde se puede conjugar justa y equilibradamente el principio de autoridad con el de libertad.

II

Apoyándonos en los principios básicosd enunciados anteriormente afirmamos o proclamamos nuestras posiciones y creencias frente a cuestiones fundamentales de la problemática cubana.

1.- La Nación Cubana es una e indivisible y patrimonio común de todos y para el bien de todos. Instamos a los cubanos a practicar una nacionalidad militante y activa. Consideramos que la patria debe estar en estado de renovación permanente, para lo cual debemos ayudar a promover y fortalecer en su totalidad la vertebración entre pueblo, nación y sociedad civil que el régimen totalitario ha desmembrado.

2.- Apoyamos a todos los cubanos que dentro de Cuba, con el riesgo de sus vidas e integridad física, hacen un esfuerzo para lograr la democratización de la sociedad cubana.

3.- Continuando con la proyección histórica demócrata cristiana reafirmamos nuestra lucha por la vigencia plena de los derechos humanos, requisito elemental de toda sociedad civilizada.

4.- Luchamos por un estado de derecho, por un proyecto político democrático-pluralista con participación de todos a través de los partidos políticos, los sindicatos, las organizaciones populares y otras asociaciones intermedias en todos los niveles de decisión política, económica y social; sufragio universal, libre, directo y secreto; pluralismo político; organización parlamentaria; descentralización funcional y territorial; separación y colaboración de los poderes del estado; libertad de información y de movimiento; existencia de una oposición real; e independiente; y eliminación de toda discriminación.

5.- Preferimos para Cuba una solución incruenta, que pueda ser menos dolorosa para nuestro pueblo y evite el derramamiento de sangre, el odio y el espíritu de venganza. Optamos por la no violencia como método de lucha activa aunque reconocemos el derecho de los pueblos a la rebelión cuando las conculcaciones de los derechos humanos no encuentren otras vías de solución.

6.- Nuestra política se fundamenta en la justicia social que implica la defensa de los intereses de los más necesitados a fin de procurar una sociedad más justa.

7.- La liberación y democratización de Cuba es responsabilidad de los cubanos. Nos oponemos a toda intervención extranjera en los destinos de Cuba. No dejaremos por eso de recabar acciones solidarias de los gobiernos y otros organismos nacionales e internacionales del mundo libre.

8.- Afirmamos nuestra vocación integracionista de Cuba en el Caribe y en América Latina para hacer realidad el pensamiento de Bolivar y de Martí, que concibieron el conjunto iberoamericano como una hermandad de pueblos solidarios y soberanos. La integración económica es una necesidad imperiosa ante las realidades económicas internacionales del mundo de hoy.

Proclamamos que el Caribe debe ser zona desnuclearizada para fines militares y también zona de paz de acuerdo a lo establecido en el derecho internacional. Por lo tanto denunciamos la presente carrera armamentista del gobierno cubano. Exigimos que se retiren de Cuba los efectivos y bases militares extranjeras.

9.- Reafirmamos y demandamos que se reconozca el derecho de entrada y salida sin limitación alguna para los cubanos.

10.- Declaramos nuestra oposición al embargo económico impuesto a Cuba, que ha afectado al pueblo cubano y no a la cúpula gobernante que lo ha utilizado de pretexto para justificar sus desaciertos y arbitrariedades en materia de naturaleza política, militar y económica.

11.- Hacemos responsable al gobierno cubano de aceptar y promover una genuina y auténtica apertura democrática como única solución a la trágica situación de la nación cubana.

III

Basándonos en los postulados y propuestas anteriormente enunciados, conscientes de la responsabilidad que tenemos al constituirnos como partido político representativo de la sociedad cubana convocamos a todos los cubanos, a unir sus voluntades en la tarea de hacer valer el deseo de todo el pueblo de que en Cuba se establezca la práctica de la democracia en su más amplio sentido. Invitamos a todos los que sientan y piensen de acuerdo con esta vocación por una democracia de inspiración cristiana y social para que se unan al Partido Demócrata Cristiano de Cuba y pongan en práctica, amplíen y perfeccionen nuestros ideales comunes.

Miami, 5 de mayo de 1991