El régimen
contra un joven
Yaxys D. Cires Dib
En la última semana de febrero La
Habana firmó el Pacto de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales y el
de los Civiles y Políticos. Resulta que en esos días la Universidad de Pinar
del Río, de orientación comunista como todas en Cuba, expulsaba por motivos
políticos al joven Néstor Pérez, estudiante de segundo año de Derecho. Esta
acción totalitaria que viola los derechos refrendados en los convenios
recientemente firmados es muestra de la verdadera situación de la isla y
desmonta esa imagen de “dialoguero” y “autocrítico” que pretende ofrecer el
gobierno cubano, y que otros se empeñan en ver para así justificar su
aquiescencia ante lo que realmente pasa en Cuba.
Néstor Pérez pertenece a una
familia campesina y hospitalaria, como casi todas las del occidente de
cubano. Tiene 25 años de edad y desde adolescente ha estado comprometido con
la Iglesia Católica. Néstor fue injustamente expulsado de su centro de
estudios por expresar opiniones diferentes al dictado oficial, dogmas que la
universidad sigue al pie de la letra, pareciéndose más a una fábrica de
productos en serie que a un hervidero de ideas y debates que es lo que una
institución de educación superior debe ser. Los representantes de la
ortodoxia comunistas le señalaron un artículo que había publicado en la
revista digital
CONVIVENCIA, que dirige
el líder católico Dagoberto Valdés, donde comentaba un documental sobre la
Transición Española, preparado por Victoria Prego. En sus reflexiones Néstor
invita a poner los ojos en el proceso de tránsito hacia la democracia en
España, cosa que nos puede dar un impulso para el necesario cambio en Cuba,
aunque como él señala, no se trata de copiar modelos. Ciertamente, la
propuesta de este estudiante de derecho contenía una fuerza liberalizadora
que por lo menos en aquella universidad no podía generar otra cosa que
solidaridad por parte de sus compañeros de estudio y reprimenda por parte
del poder.
Para que tengan una idea. El
historial de la Universidad de Pinar del Río en materia de ataques a la
libertad de conciencia y expresión no tiene desperdicio. Por solo mencionar
algunos casos: en el año 2000 al Ingeniero en Telecomunicaciones Sergio
Lázaro Cabarrouy le fue retirada su categoría docente por su labor en la
Iglesia, específicamente en el Centro de Formación Cívica y Religiosa; en la
primavera de 2003 fue destituido del puesto de Jefe de la Carrera de Derecho
el Dr. Eurípides Valdés Lobán, por permitir debates sobre temas políticos y
fomentar un ambiente de “libre pensamiento” –con ciertos límites- entre el
alumnado de primer año de derecho. El profesor Valdés Lobán, además era
tutor de una investigación de dos estudiantes que entró en consideraciones
sobre si la oposición formaba parte del sistema político cubano. ¡Pecado
capital!; en esa redada también fue expulsado quien les escribe. Mi
categoría docente era de profesor instructor. Estaba contratado por la
Universidad para impartir seminarios y clases prácticas a las carreras de
Derecho y de Economía. El día 5 de mayo la decana de la Facultad de
Humanidades me anunció que no podía seguir dando clases en la universidad
porque había firmado el Proyecto Varela, no pertenecía a los Comités de
Defensa de la Revolución y por mis compromisos en la Iglesia. Me dijo que
me reconocía mi labor como profesor, cosa en la cual coincidía con mis
alumnos, pero que la universidad era para los revolucionarios. A todo ello
siguió un acto de repudio con los ingredientes de siempre: llamar
contrarrevolucionario al despedido y decir que es de la “quinta columna” -y
eso cuando navegas con suerte.
Dagoberto Valdés, un ingeniero
agrónomo condenado por el gobierno a ser recogedor de yaguas –hojas de
palmas- y, después, a formar parte de las filas del desempleo, es el
fundador y director de Convivencia, revista de la cual Néstor es
colaborador. Convivencia ya está dando frutos, tanto en cuanto a
número de lectores como en el debate que está generando. Pero también ya se
está sintiendo en la nomenclatura estatal que teme hasta a lo que puede
escribir un nada poderoso joven campesino.
Esta realidad: el régimen contra
un joven, demuestra que aunque estén pregonando la inminencia de algunas
medidas populistas y firmando cuanto papel se les ocurra, en el plano
político la nota característica seguirá siendo el absolutismo. Sin embargo,
esta realidad también puede tener otra lectura. Es la certeza de la
existencia de aquello que un día Václav Havel bautizó como “el poder de los
sin poderes”.