Declaración de obispos cubanos

La siguiente es una declaración de los obispos cubanos por la Solemnidad del Pentecostés, que se leyó ayer 30 de mayo y se leerá hoy 31 de mayo en las iglesias cubanas. La declaracion se produce luego de que los obispos fuesen convocados a Roma por el Papa Juan Pablo II, aparentemente disgustado por los pocos progresos de la Iglesia tras su visita a la isla en enero pasado. Los obispos se reunirán con el Papa entre el 8 y el 11 de junio.

 

El Espíritu Santo quiere soplar en Cuba

A todos los fieles católicos y a los cubanos de buena voluntad:

1 Al culminar su histórica visita a Cuba, el Santo Padre Juan Pablo II quiso ver en el fuerte
viento que se sentía en la Plaza de la Revolución durante la celebración de la Eucaristía, una
señal del soplo del Espíritu Santo. El mismo Espíritu que, en Jerusalén, abrió los corazones de
los apóstoles, les infundió «la fuerza de lo alto» (Lc. 24, 49) y les hizo «comprender todas las
cosas» (Juan 14, 26).

2 En la celebración de la solemnidad de Pentecostés, la fiesta que actualiza aquella primera
efusión del Espíritu Divino, los Obispos de Cuba queremos dirigirnos a ustedes, amados hijos, y
a todos los cubanos de buena voluntad que compartieron con nosotros ese aliento de esperanza
y renovación que ha sido y es la visita del Supremo Pastor de la Iglesia. Reiteramos en esta
ocasión nuestra acción de gracias a Dios por el trascendental acontecimiento de la visita del
Papa Juan Pablo II, que queremos seguir viviendo como un nuevo Pentecostés, del cual
debemos salir renovados, fortalecidos y liberados.

3 El Sumo Pontífice pudo constatar en las cuatro celebraciones Eucarísticas de Santa Clara,
Camagüey, Santiago de Cuba y La Habana cómo la multitud vibraba, aplaudía los conceptos,
sintonizaba ampliamente conlas propuestas del Papa en orden a la familia, la juventud, la Patria,
la justicia, la libertad o el amor. El Papa lo sentía, el Espíritu Santo estaba actuando en Cuba,
«el Espíritu Santo quiere soplar en Cuba.»


EL AÑO DEL ESPIRITU SANTO EN LA PREPARACIÓN DEL JUBILEO

4 Este año 1998 era el tiempo señalado por el Papa Juan Pablo II para que la Iglesia, extendida
por toda la tierra reconozca en la oración y la reflexión, que todo cuanto ella es y obra en el
mundo, se realiza por la acción del Espíritu Santo.

5 Nosotros invocamos también al Espíritu Santo, autor de todo bien, para que los cristianos, los
hombres de cualquier otra religión y cuantos trabajan por el bien de la humanidad, dejándose
guiar por el Espíritu de Dios, hagan posible que el hombre y la mujer del nuevo milenio puedan
superar en breve plazo las miserias materiales y espirituales que, junto con fulgurantes
realizaciones y nobles promesas, dejan tras de sí el siglo y el milenio que ahora expiran.

6 Porque, juntos a pasmosos desarrollos científicos y tecnológicos, hay aún mucha injusticia en
el mundo; el hambre se enseñorea de grandes regiones del planeta y el fanatismo, la
intolerancia y los prejuicios dividen o enfrentan a hombres y pueblos.


LOS DERECHOS DEL HOMBRE

7 La humanidad ha logrado establecer los instrumentos legales para alcanzar los más nobles
objetivos y, en el orden del pensamiento, el ser humano ha llegado a muy altos niveles.
Consideremos, por ejemplo, el desarrollo del concepto de dignidad humana y la Declaración
Universal de los Derechos del Hombre por parte de la Organización de Naciones Unidas. Este
documento de valor fundamental cumple ya cincuenta años, sin embargo aún hoy, en la vida
cotidiana de los pueblos, la dignidad del hombre se ve grandemente ultrajada. Cada pueblo de
la Tierra, también el pueblo cubano, aspira, porque lo necesita, a que todos los derechos
humanos, sustancialmente relacionados entre sí, sean respetados íntegramente.


GLOBALIZACIÓN Y SOLIDARIDAD

8 Como parte de una humanidad cuya existencia se globaliza con rapidez, los cubanos
festejaremos, con todos los pueblos de la Tierra, la llegada del Tercer Milenio de la era
cristiana.

9 Mirando al mundo del futuro ya inmediato y a la globalización dentro de la cual deberá vivir
cada hombre o mujer del planeta y por tanto todos los países de la Tierra, el Papa Juan Pablo
II lanzó al orbe entero, desde el primer saludo que dirigió al pueblo cubano, un emotivo llamado
para que «el mundo se abra a Cuba» y, al mismo tiempo, indicó a los cubanos, representados
en el aeropuerto José Martí por las más altas figuras del gobierno y por el numeroso pueblo
que lo acogió en el largo recorrido por las avenidas de La Habana, la impostergable necesidad
de que «Cuba se abra al mundo.»

10 El Papa se refiere a un doble movimiento que rompa, en sus propias palabras, el
«aislamiento de Cuba.» No propone el Pontífice una entrada de Cuba, no bien discernida, en
una globalidad sin rostro, donde las especificidades de cada nación quedasen abolidas o en la
cual las leyes ciegas del mercado decidan automáticamente el futuro de los pueblos. Ya
sabemos que la gran aspiración del Papa Juan Pablo II respecto a la globalización consiste en
que el dominio de unos sobre otros o el sometimiento a las leyes frías de la economía sean
reemplazadas por una solidaridad que tenga en cuenta a los más débiles y que respete la
riqueza cultural de cada nación. Hasta hoy esto es sólo una aspiración que, sin embargo,
deberá llegar a realizarse con la participación de todos los pueblos.

11 Si cada país entra en la inevitable corriente globalizadora con un sentido y un compromiso
de solidaridad, puede cambiarse la actual tendencia hacia una globalización avasalladora.

12 Por eso, el Santo Padre, al mismo tiempo que reclama que Cuba no sea aislada por otros y
condena fuertemente las medidas económicas restrictivas impuestas a nuestra país como
«injustas y éticamente inaceptables» pide a Cuba que se abra al mundo, que entre en la
corriente de la historia presente, aceptando los riesgos que esto trae, pero sabiendo al mismo
tiempo que el único modo de enfrentar lo inevitable es haciéndolo con un ideal preciso y
realizable. La propuesta del Papa es que la solidaridad se convierta en una válida estrategia
para una humanidad globalizada. Señala el Santo Padre este camino por su fuerte significación
cristiana. El amor es el alma del cristianismo y, al entrar en el Tercer Milenio de la Era
Cristiana, Juan Pablo II propone a los pueblos de la Tierra fundar sus relaciones en el amor
solidario, del cual Jesucristo, Nuestro Salvador, dio muestras sublimes al entregarse en la Cruz.


«QUE CUBA SE ABRA CON TODAS SUS MAGNÍFICAS POSIBILIDADES AL
MUNDO»

13 Cuba entrará en el Tercer Milenio con buenos niveles de capacitación profesional y de
instrucción media de sus ciudadanos. También en el ámbito de la salud reciben atención
médica todos los habitantes del país, aún aquellos mente viven en zonas retiradas, y la
gratuidad de los servicios médicos hace posible que los grupos menos favorecidos puedan
acceder a cuidados objetivamente costosos. En los últimos años, la calidad de la educación y
de la atención a la salud se ha visto en peligro. En el primer caso, entre otras cosas, por la
carencia de recursos para modernizar la tarea educativa. En el campo de la salud, la falta de
medios para obtener los medicamentos y equipos imprescindibles, han limitado gravemente las
posibilidades creadas por la capacitación del personal sanitario.

14 Estos dos aspectos fundamentales de la sociedad cubana, educación y salud, se ven
afectados, además por la emigración sostenida de muchos cubanos, entre ellos profesionales de
buena calificación que incluye a médicos y profesores.


LA EMIGRACIÓN Y EL FUTURO DE CUBA

15 Si Cuba quiere conservar y potenciar en el nuevo siglo todo cuanto ha logrado en materia de
educación y sanidad, y en otros campos del desarrollo social, debe encontrar los medios para
que jóvenes y adultos se sientan satisfechos y felices de servir a su nación. No sólo las razones
económicas alimentan el flujo migratorio, hay también motivaciones de otra orden, por ejemplo,
difíciles situaciones familiares, preocupación por la educación de los hijos y una falta de
esperanza en muchos al ver que las dificultades perduran.

16 La emigración de sus hijos que, como un río en crecida no cesa de ensancharse, es un dolor
de la Patria, y uno de los más grandes esafíos que enfrenta la nación cubana en los albores del
siglo XXI. También es doloroso para la Iglesia porque sus hijos, especialmente los más
comprometidos, deben hallar en su misma fe en Cristo motivaciones hondas y suficientes para
vivir su compromiso cristiano aquí, donde el Señor los ha plantado.


AMOR A LA PATRIA

17 No se logra afianzar el arraigo a la tierra que nos vio nacer por una insistencia en fechas,
símbolos y hechos históricos, sino más bien procurando un clima nuevo de comprensión,
participación y diálogo que hagan de Cuba un hogar grande, donde cada cubano sienta que sus
justas aspiraciones personales y familiares se puedan realizar e integrar en un gran proyecto
común, en el que todos se sientan en casa, en un sitio que nadie quiera abandonar.


LOS VALORES

18 En las celebraciones eucarísticas presididas por el Santo Padre en Cuba se expresaron
muchos de los componentes esenciales en la formulación del apego al suelo patrio y a todo lo
que él significa: amor, paz, reconciliación, libertad, justicia, alegría, solidaridad, entusiasmo,
responsabilidad, fe en Dios, esperanza, aprecio por la familia y el trabajo, confianza en una
juventud que quiere llevar una vida limpia y digna, amor a nuestra Patrona, la Virgen de la
Caridad de El Cobre.

19 ¡Cuántos sentimientos y actitudes fueron revalorizados durante la visita papal en las
relaciones interpersonales, en la convivencia civil, en el redescubrimiento de nuestra cultura, de
nuestra alma nacional de raíces profundamente cristiana! La Iglesia está dispuesta a brindar su
colaboración específica más decidida para un ensanchamiento en el horizonte patrio que
integre esos valores. Nos inspira en ello la figura preclara del Siervo de Dios, Padre Félix
Varela quien, en sus «Cartas a Elpidio» nos legó un código ético para la vida civil.


SOLIDARIOS CON EL PAPA

20 Los Obispos de Cuba en esta hora en que el mundo se abre a nuestra Patria, unidos al
Papa, rechazamos todo cerco económico a nuestro país así como los intentos de aislarlo. El
llamado del Santo Padre para que «el mundo se abra a Cuba» está teniendo amplia respuesta
en el ámbito internacional y esto nos complace.

21 Respecto al otro deseo del Sumo Pontífice de que «Cuba se abra al mundo,» consideramos
que cualquier decisión del gobierno de Cuba de asumir perspectivas amplias e integradores
que, tal y como sucedió en la convocación para la visita papal, abarquen a todos los cubanos:
militantes o no, creyentes o no, simpatizantes o no, puede ser un paso importante y muy
estimulante en la apertura de Cuba al mundo, que debe ir normalmente precedida y
acompañada de una apertura interna en la sociedad cubana. Esta apertura interna sería una
valiosa contribución para garantizar los logros de Cuba en materia de educación, salud,
deportes, y otros, que todo el pueblo cubano aprecia.


LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

22 Dentro de esos horizontes más abiertos ofrece la Iglesia su Doctrina Social como marco
donde se pueda inspirar la economía y la vida civil lejos del neoliberalismo capitalista, tan en
boga, como de cualquier colectivismo a ultranza ya desfasado. Éste es un espacio en el que la
Iglesia puede brindar su servicio y colaboración.


LA MISIÓN DE LA IGLESIA

23 El Santo Padre, en su discurso a la Conferencia de Obispos de Cuba, instó a la Iglesia en
nuestro país a buscar «esos espacios de forma insistente, no con el fin de alcanzar un poder ó
lo cual es ajeno a su misión» sino para acrecentar su capacidad de servicio.»

24 Todo cuanto aquí expresamos de modo constructivo con la mirada puesta en el futuro, se
empalma con el mensaje luminoso que el Papa Juan Pablo II dejó a nuestro pueblo y su
cumplimiento contribuiría a afianzar la esperanza que el Santo Padre sembró en el corazón de
los cubanos.

25 En Pentecostés, el Espíritu Santo sopló con fuerza impetuosa sobre el cenáculo donde
estaban reunidos en oración los apóstoles con María, la madre de Jesús. Las puertas estaban
cerradas, pero los apóstoles, estremecidos por la acción del Espíritu, abrieron las puertas y
comenzó allí una nueva etapa de la Iglesia y del mundo. El Espíritu Santo viene siempre a abrir
puertas, a abrir los corazones a la verdad y al amor, a abrir caminos nuevos en la historia de los
hombres y de los pueblos. Nosotros no olvidamos el anuncio profético del Papa Juan Pablo II:
«El Espíritu Santo quiere soplar en Cuba.» Pidámosle a la Virgen María de la Caridad, la
Madre de Jesús que, como ella, todos los cubanos seamos dóciles a la acción del Espíritu Santo
para mayor bien de Cuba.

Con nuestra bendición,

LOS OBISPOS CATÓLICOS DE CUBA

La Habana, 31 de mayo de 1998
Solemnidad de Pentecostés

Este documento debe ser leído en las misas del sábado 30 y del domingo 31 de mayo del
corriente.