Publicado el lunes, 10 de septiembre de 2001 en El Nuevo Herald

Crece el consumo de estupefacientes en La Habana

DOS AGENTES de la policía en la capital del país chequean a un joven a la entrada de un bar en La Habana Vieja. En las calles de la ciudad --y en Varadero-- la venta de narcóticos se ha duplicado.

R. GARCIA / Carta de Cuba
LA HABANA

Prado y Trocadero ahora es la esquina del vicio. Muy cerca de la antigua morada del autor de Paradiso, el asmático y fumador Lezama Lima, se pueden comprar, con cinco dólares, veinte pitillos de marihuana o una pastilla de crack.

Se venden al por mayor. La policía del barrio se ocupa de que todo ocurra con tranquilidad. El punto de abastecimiento es un restaurante de comida árabe. El mismo sitio donde libaneses y palestinos se reunían para jugar dominó y tomar té amargo o escuchar danzas egipcias de ultratumba.

Ahora Eusebio Leal convirtió el Club Arabe en un bar-cafetería donde acuden los turistas que pasean por el Prado.

En su patio morisco, de losas azules y blancas y su fuente de luz donde alguna vez brotó el agua, decenas de cubanos, casi todos miembros de pandillas, toman cerveza y wiskey importado de Canadá, custodiados por jóvenes policías venidos del oriente de la isla.

Juan Venegas es uno de los mayimbes. Un hombre duro, de rostro azulado, que mira fijo a sus compradores. ``Aquí todo es legal. Ya ves, tengo protección de los agentes. Son muchachos buenos. Se buscan diez o veinte dólares. Lo único que tienen que hacer es mirar y no mirar''. Muchos se preguntan cómo es posible que en una sociedad tan controlada los vendedores de drogas anden de un lado a otro. La respuesta, al parecer, es la profunda corrupción en que está sumida la sociedad socialista de Castro.

Ignacio Mendive trabaja de rastrero desde hace dos años. La rastra se quedó desmantelada. Un primo le dio un poco de marihuana a vender. ``Al principio tuve mucho miedo. A las dos semanas de recorrer Prado de punta a cabo vendí mis cigarritos. Después todo fue una rutina. Lo fundamental es conocer a los policías que colaboran contigo. Hay que tocarlos bien. Te avisan cuando hay redadas''. Muchos creen que los turistas son los principales clientes de este lucrativo negocio. Para sorpresa de las autoridades, los nacionales --sobre todo los jóvenes-- son los principales compradores.

``Esos chicos se buscan sus dólares, los sacan de abajo de la tierra y vienen al Prado a buscar su mercancía. También la compran en las discotecas, como en el Salón Rojo del Hotel Nacional o en el Café Cantante del Teatro Nacional'', señala Lorenzo Alvarez, un estudiante universitario que tiene su ``punto'' en el Capitolio.

Según un informe del Ministerio de Interior consultado por Carta de Cuba, en los últimos quince meses el consumo de drogas y marihuana aumentó en más del 100 por ciento.

En los policlínicos de barrio se atiende un promedio de 10 ó 12 jóvenes intoxicados por el uso de las drogas. El consumo de bebidas alcohólicas entre la población juvenil ha disminuido en comparación con el consumo de estupefacientes.

En un informe del Ministerio de Salud Pública se explica que el alcoholismo afectaba al 14% de la población juvenil. La droga le sigue los pasos.

El reciente operativo efectuado por agentes del Departamento Técnico de Investigaciones en la zona del Prado habanero - en el que fueron detenidos varios vendedores, incluyendo a miembros de la policía - no ha impedido la venta de marihuana y crack en la famosa avenida de los Leones Habaneros.

``Vamos a dejar limpio al Prado de vendedores de droga'', explicó a Radio Rebelde, Raúl Valdivieso, un capitán del departamento antinarcóticos.

Juan Venegas, desde su cuarto con aire acondicionado ubicado en un solar pintoresco de La Habana Vieja, se sonríe y susurra: ``Este negocio también es de ellos. La yerba y el polvo entran por las costas. Y ellos lo saben''. Al parecer, ``ellos'' son el gobierno.

El negocio de las drogas está echando sus raíces en Cuba. Quizás Prado y Trocadero no sea la única esquina del vicio en la isla.