Partido Demócrata Cristiano de Cuba

 

El sable estatal cubano dirige su filo contra las ganancias extras

Miguel Saludes

El pasado 12 de enero se convocó en La Habana a un Seminario Informativo acerca del cobro de impuestos sobre “gratuidades” según decreto de ley 277 del 13 de diciembre del 2007, amparado en la Ley sobre el Tributo de 1994. El evento tuvo como sede el capitalino Teatro Nacional, donde en horas de la media mañana se reunieron más de mil trabajadores cubanos que laboran en firmas extranjeras. La fuente dijo que el ambiente estaba cargado desde antes del inicio del seminario. Y no precisamente por la falta de aire acondicionado o por la poca iluminación de la sala.  

Uno de los participantes en la reunión describió la tensa discusión que allí tuvo lugar, cuando la vice ministra de Comercio Exterior trató de explicar las razones de la medida, pidiendo la comprensión de los afectados. Según el testigo, uno de los perjudicados por el gravamen estatal, los argumentos esgrimidos en contra de la ley por los presentes fueron tan sólidos que dejaron sin palabras a la contraparte, acostumbrada a llevar la ventaja en estos asuntos. Ahora tuvieron que enfrentar un rotundo y unánime No, proclamado por los trabajadores.  

Con los bolsillos de la gente no se juega. Fue la conclusión que sacó el testigo presencial de ese acto. El gobierno cubano ha jugado durante demasiado tiempo con el dinero de la gente, apelando a la conciencia revolucionaria y a las bondades del sistema. Pero desde que empezaron los cambios coyunturales en 1994, es cada vez más difícil convencer al pueblo de que asuma nuevos sacrificios.

La nueva medida restrictiva tiene como objetivo las ganancias extras en divisas que reciben aquellos cubanos contratados por empresas extranjeras. Los ingresos obtenidos en forma de “gratificaciones” serán gravados con un impuesto anual que puede significar entre el 10 y el 50 por ciento, según el monto de la gratificación recibida. Es de destacar que el porcentaje menor se corresponde a sumas de 2 400 CUC, mientras el máximo es aplicable en anualidades que remontan la cifra de los 60 mil pesos convertibles. 

Las llamadas gratificaciones no son más que un pretexto asumido por la mayoría de contratistas foráneos para satisfacer a los nacionales que laboran con ellos. La manera de pago disfrazada se aplica incluso al personal que trabaja en sedes diplomáticas. Este sistema compensatorio, con remuneraciones adicionales, es consecuencia de la manera en que se paga a los contratados por firmas extranjeras o empresas que tienen que suplir con mano de obra a las mismas. Estos empleados no pueden percibir su salario en moneda fuerte. Es el Estado cubano el que recibe el monto estipulados en el contrato en divisa, pagando ese valor en moneda nacional. En ciertos casos, a manera de complacencia, destina una migaja de 20 a 30 pesos convertibles como estímulo por el buen desempeño del trabajo, lo cual precisa del cumplimiento de numerosos requisitos. La justificación para este despojo es que el gobierno garantiza subsidios en servicios y alimentación, así como atención gratuita de salud y educación que reciben los cubanos.

Pero los que dependen de una moneda que resulta imprescindible en la economía doméstica no lo miran desde esa perspectiva. El dinero descontado por impuestos o donaciones “voluntarias” significa un agujero en la canasta de sus casas y familias. El descuento afecta directamente la sobre vivencia, de los que comen y andan limpios gracias a ese pariente afortunado que tuvo la “suerte” de conseguir y mantener un empleo tan codiciado. En su mayoría se trata de profesionales, que a pesar del extra recibido, continúan siendo mal pagados.

Señala el comunicador de la noticia que llegó a su casa con las manos doloridas de tanto aplaudir. Cuenta que uno de los presentes, para demostrar de manera simple lo que se había expuesto por muchos, tomó la palabra solicitando a los congregados mostraran de forma evidente su desacuerdo con la medida, levantando la mano. El teatro en pleno se puso en pie con ambos brazos en alto. A esto siguió un aplauso que parecía no tener fin. Dice la fuente que ese fue el final de la reunión.

Parece que a esta le seguirán otras reuniones. Quizás en vista de lo ocurrido decidan posponerlas o buscar otra alternativa. Pero lo que sí parece seguro es que el tajazo no dejará de producirse. Al menos queda la experiencia del rechazo colectivo propinado al poder. También está la esperanza del éxito,  y el aliento de que nuevas rupturas del silencio sigan ocurriendo en todos los niveles de la sociedad.  


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